Así empieza esta historia:
Ambulatorio, 18:40h. Sorprendentemente, ante una sala llena de abueletes con gripe, mi médico de familia sale de los dominios que constituyen su consulta y con voz firme dice:
- Nestor Montelongo.
- Presente.
- Pase.
- Paso.

Creo que ha sido la primera vez en mis treinta y dos resfriados que he entrado a consulta a mi hora. Treinta y dos resfriados?. Efectivamente. Como si de un reloj suizo me tratase, mis visitas al médico por catarros son periódicas, con una oscilación de más menos una semana. Impresionante. Yo no registro estos eventos con referencias temporales: soy práctico y por ello utilizo una referencia numérica. De esa manera se que el catarro 18 fue duro de cojones y que del número 20 volví a casa sin Algidol pero contento porque al salir del ambulatorio me encontré un euro…
- Buenas tardes doctor.
- Ni buenas tardes ni pollas en vinagre: ¿qué te pasa?.
- Esto, ejem… me he acatarrado.
En buena hora.
Mi doctor, que se debe creer que soy espartano, me ausculta la espalda sin dejarme sentar en la camilla, y me dice:
- Bueno, ya estás quitándote el resfriado. Para esto ya no te receto nada.
- ¿Y las toses? Cof cof…
- Esas se te irán quitando en los próximos días.
- :O
- Vete ya y no des portazo al salir…
Yo se por experiencia propia que en la carrera se estudian cosas que luego no se usan en la vida laboral, pero coño, un catarro?. Ese pájaro se habrá tirao unos siete u ocho años de estudio para terminar largando a la peña de la consulta con un: “sana sana culito de rana”. Yo también tardé lo mio en acabar la carrera, lo reconozco. Es por esto que quiero cerrar el post compartiendo con vosotros mis pensamientos al verme fuera de la consulta, medio desvestido, aturdido e indefenso como un pajarillo abandonado:
[audio:http://www.nestormontelongo.com/blog/audio/chiste.mp3]
Sed felices.
